El 9 de julio de 1816, el pueblo argentino declaró al mundo su voluntad irrenunciable de constituirse en una Nación libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera. A 210 años de la Declaración de la Independencia, el gobierno entreguista de Javier Milei ha decidido renunciar a ese legado histórico y subordina a la Argentina a los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica. Peter Lamelas, actual embajador de ese país, representa la expresión más clara de esa sumisión.
Las consecuencias de este proyecto son devastadoras. La entrega de nuestros bienes comunes y de nuestros recursos naturales, configura un proceso de pérdida creciente de soberanía que nos remite a los tiempos de la colonia, cuando las riquezas de nuestros territorios eran saqueadas para beneficio de las potencias imperiales, mientras la población era condenada a la miseria y a la dependencia.
A ello se suma un acelerado proceso de desindustrialización, desguace del Estado, destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo, y su secuela de exclusión y hambre. La represión y criminalización de la protesta social contra quienes reclaman ante la vulneración de sus derechos es hoy una constante, y mientras nos endeudan comprometiendo el futuro de la Nación, el sistema de justicia cómplice cobija la corrupción gubernamental, lo que configura un cuadro de situación de gravedad extrema.
Tan profundo es el daño que vienen generando, que resulta preocupante y elocuente la inacción de buena parte de la oposición política. Este momento no admite especulaciones, ni tibiezas, ni distracciones, ni connivencias. No alcanza con contar votos en el Congreso ni cuidar las bancas; es tiempo de acompañar al pueblo allí donde resiste, denuncia y ponerle un freno a este modelo de arrasamiento y de entrega. La responsabilidad histórica, el papel y el lugar que ocupan, les exige y demanda que estén a la altura del mandato que recibieron.
El movimiento de derechos humanos ha demostrado, a lo largo de su historia, que la defensa de la vida, de la Democracia y la soberanía exige enormes compromisos, coraje, resistencia y lucha. Las Madres y las Abuelas nos enseñaron que nunca hay que resignarse frente a la injusticia ni aceptar el sometimiento o la sumisión. Quedará para siempre en la memoria la imagen de las Madres enfrentando a la infantería durante la crisis del 2001. Ese legado no se declama, se honra todos los días con el ejemplo.
Hace apenas unos días despedimos a nuestra querida Taty Almeida. Hasta el final de su vida nos dejó una enseñanza que hoy resuena con más fuerza que nunca: «La unidad se construye en los hechos, no con palabras». Los 30.000 desaparecidos, los asesinados, los miles de presos políticos y los exiliados lucharon por una Argentina libre e igualitaria, fieles al legado de quienes proclamaron la Independencia en julio de 1816.
Hoy, en este día venimos a demandar a quienes ocupan un lugar de responsabilidad política, que despierten, que no hay lucha sectorial alguna a privilegiar porque antes está la Patria que agoniza a manos de sus saqueadores, lo que está en juego no es una disputa electoral ni una diferencia partidaria: es el destino mismo de la Nación. O enfrentamos este proyecto de entrega con la unidad y la firmeza que el momento nos exige, o corremos el riesgo de perder la Patria.
MESA DE ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS
Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora – Asamblea Permanente por los Derechos Humanos – Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Matanza – Comisión Memoria, Verdad y Justicia Zona Norte – Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz – Fundación Memoria Histórica y Social Argentina – Liga Argentina por los Derechos Humanos – Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

